Programa Espíritu Emprendedor

UEMC Club de emprendedores

JES脷S YLLERA: El emprendedor tiene que asumir riesgos y trabajar mucho


Jesús Yllera atendió al Club de Emprendedores de la UEMC en las bodegas del Grupo y animó a los estudiantes a hacer realidad sus sueños

Considera un reto cada año y aconseja recuperarse de los fracasos siguiendo adelante, porque siempre hay fórmulas para solucionar un problema



23 de julio 2015. Pasea entre las barricas con la satisfacción del trabajo bien hecho, después de una vida dedicada en cuerpo y alma a su pasión: el vino. Jesús Yllera tiene 75 años y es la sexta generación de una familia de bodegueros que ha hecho historia en la provincia de Valladolid.


“Mi padre compraba el vino y lo distribuía en un carro, todos los hermanos íbamos con él y ahí está la huella”. Lo dice señalando una foto en blanco y negro que preside su antiguo despacho, a las afueras de Rueda.


A Jesús Yllera se le ilumina la cara cuando hablamos de los emprendedores, porque se siente totalmente identificado con ellos. Les anima a poner en marcha su negocio y les pide precaución, pero nunca miedo: “El emprendedor tiene que tener voluntad de correr riesgos y de trabajar mucho”, reconoce, “porque todo se consigue con trabajo, tesón y talento”.


Como para cualquier empresario lo peor es empezar. La ilusión se mezcla con la incertidumbre de saber si nuestra aventura se cimenta en una base sólida o en cuánto tardarán en confirmarse las previsiones del plan de negocio. “Al principio tienes la sensación de caminar por un precipicio y tienes que ser cauto, consolidarte”.


Cuando le pedimos un consejo para los alumnos de la Universidad Europea Miguel de Cervantes que forman parte del Club de Emprendedores mira al cielo y suspira. Después de pensar unos segundos nos recuerda uno de los secretos de su éxito: “Hay que invertir todas las ganancias en la empresa, esto te permite aguantar en los malos momentos, afrontar años de pérdidas con los beneficios conseguidos en otros ejercicios”.


Recuerda con cariño una de las últimas grandes operaciones del Grupo Yllera, poner en el mercado el 5.5, un vino frezzante muy bien recibido en los mercados. “Fue hace 5 años. Llevábamos tiempo dándole vueltas, después de observar cómo se disparaba entre los jóvenes el consumo de Lambrusco había que hacer algo. El trabajo de los enólogos, de los investigadores, las nuevas levaduras, los viajes a Italia… fue una labor de equipo que ha salido muy bien”.


Con 15 años entró en la Escuela de Comercio y recibió una formación que le ha servido para dirigir con éxito su empresa, también para darse cuenta de que lo suyo no era trabajar por cuenta ajena. “Estuve de administrativo en Pegaso y me ahogaba, en ocasiones tenía que abandonar el despacho y salir a pasear por Valladolid, fueron los peores años de mi vida”, asegura.


Pero Jesús es un luchador, un hombre hecho a sí mismo que jamás pensó en tirar la toalla, ni siquiera con la última crisis económica: “Lo más importante es dormir a gusto y no siempre se consigue, la vida te da cornadas, pero te tienes que levantar y seguir para adelante, porque siempre hay una manera de solucionar un problema”.


Cada año es un nuevo reto. Echando la vista atrás Jesús no se olvida de su padre, de cómo llevaba los negocios. “Tenía un cajón para el dinero y otro para los papeles, ahora se hace de otra manera, algunas cosas son más sencillas y otras más complicadas”.


Antes de repetirme que le deje de tratar de usted “que me hace muy mayor”, el patriarca de los Yllera nos deja otra sentencia para despedirse: “Del fracaso se aprende más que de los éxitos, nos enseña a buscar nuevas fórmulas, y esa es la clave”.



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